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QUIENES SOMOS


Reseña Histórica

Historia del ingreso del PRT- PST al F.A.

Cuando el PRT ingresó al F.A., (en realidad lo co-fundó) en 1971 se produjo una especie de terremotito en la IV Internacional o si hablamos eufemísticamente, un interesante debate. Era insólita la situación que una organización joven como la nuestra participara de “un Frente Popular con la sombra de la burguesía en su interior”; ésta era la aseveración de Canon, Hansen y los compañeros del SWP tomando las palabras de Trotsky cuando analizaba el Frente Popular francés de fines de los ’30. Hasta el ’73 esa sospecha de reformismo y del peor de los revisionismos pesó sobre nuestras espaldas en la IV.

El golpe de Estado puso un paréntesis a este debate como a tantos otros: por un lado el FA ilegalizado con militantes presos o desaparecidos y el golpe represivo que sufrió nuestra organización que casi la desintegra.

Hasta el 2do. Congreso nuestro del ’84 el tema del F.A. no se planteó seriamente. La resolución de solicitar el reingreso luego de la dictadura tuvo más bien un carácter práctico y estuvo distante de ser una resolución tomada luego de una debida reflexión. A qué Centro Internacional ingresábamos por ejemplo, se le prestó muchísimo más interés. Se  trataba más bien de haber tenido algunas certezas mayores que las que hemos tenido en nuestro accionar a la interna del F.A., al tiempo de prever cómo se compadecía eso con el análisis de las dinámicas de reconstrucción de la clase y su vanguardia que veníamos haciendo.

Por el 77-78 comenzó la primera ruptura grande del partido. Los compañeros hoy militantes de Convergencia iniciaron una ruta diferente a la nuestra que culminó en el ’84 al adherir nosotros como partido a la IV Secretariado Unificado y dejar de lado definitivamente al morenismo. A decir verdad más bien fuimos nosotros los que nos alejamos de ellos al terminar nuestra relación con el morenismo en el 78-79 (diferencias sobre la revolución nicaragüense así como cuestiones de funcionamiento democrático).

El trotskysmo tradicional o por lo menos la versión caricaturizada, se caracteriza por el seguidismo a ultranza de  los trabajos del viejo León tomando cada una de sus enseñanzas, trabajos, libros, frases, palabras y puntos y comas como la verdad revelada. Todas ellas formaban parte del aparejo intelectual e ideológico de los “verdaderos” trotskystas.

Desde agosto de 1940 esa había sido la práctica admitida y en parte fomentada por muchas de las corrientes que se reivindicaban del bolchevismo revolucionario.

Ocasionalmente y como reafirmación de las posturas de Trotsky, Lenin era citado con benevolencia y a Marx sobre todo la mentada frase donde habla de la Revolución Permanente. No se pretende revisar el concepto de Revolución Permanente, con la que acordamos totalmente, sino ironizar sobre las maneras que se tomaban las palabras y las forzaban para decir todo o ninguna cosa según cuadrara.

Cualquiera que se desviara de estos pilares caía en el revisionismo vil y traidor.

La IV ha ido dejando a un lado con el tiempo el pesado fardo del sectarismo y el inmovilismo en actitud iconoclasta aunque no siempre con la claridad necesaria. Pero nos preguntamos ¿Qué otra corriente revolucionaria ha realizado la autocrítica que la IV hizo tanto en lo intelectual, lo ideológico, lo político y lo organizativo? Ninguna aunque no sea suficiente. A veces el impresionismo parece campear en organizaciones y compañeros referentes de la IV Internacional.

Esto hace parte de nuestra historia como corriente revolucionaria. Nunca debemos olvidar lo que significó el stalinismo como factor contrarrevolucionario mundial, burocracia falsificadora y opresora de las masas populares vestida en un principio con ropajes revolucionarios y luego desenmascarándose poco a poco hasta que finalmente se entregó definitivamente al capital. La larga lucha contra el stalinismo y la opresión burocrática fue nuestro combate perteneciéndonos casi exclusivamente.

La teoría de los dos polos mundiales, el del socialismo y el del imperialismo, la concepción de tener una retaguardia que te proteja, aunque no sea confiable como la URSS stalinista, llevó a casi todos los revolucionarios a moderar o anular directamente sus críticas a la burocracia (ver a los cubanos). ¿Cuántas veces en charlas, discusiones, negociaciones con compañeros revolucionarios de otras corrientes, sean guevaristas, chinos u otros, éstos nos han dicho que lo que nosotros planteábamos o denunciábamos era justo pero que no comprendíamos el apoyo que significaba la URSS pese a su régimen? Quedamos prácticamente solos en la reivindicación de la democracia socialista como elemento fundamental de la construcción de un futuro diferente para la humanidad.

Esto significó persecución, muertes, encarcelamientos, desprestigio, etc., para muchos de nuestros camaradas. Tuvimos que enfrentar a los regímenes burgueses y a las burocracias traidoras, a veces con el visto bueno de compañeros y organizaciones objetivamente revolucionarios que en momentos decisivos optaron por la realpolitik pragmática. ¿Cuántas veces tuvimos que sufrir frases como “ustedes son unos buenos muchachos, pero los otros me dan dinero, o medicamentos, o comida, o armas, aunque sepa que lo más seguro es que me traicionen luego”?

La Revolución española está plagada de situaciones como ésta donde camaradas revolucionarios, no sólo de nuestra corriente, fueron entregados al stalinismo y ejecutados o encarcelados. Lo mismo sucedió en la resistencia al fascismo y al nazismo donde ser trotskysta significaba tener que eludir problemas y líos de varias partes. El desarrollo de la revolución a nivel mundial a partir de los 50, sobre todo con la revolución política en los países del Este Europeo y la URSS hizo que esta presión cesara un poco pero para muchos compañeros durante bastante tiempo más, ser trotskysta significó ser considerado como poco menos que un agente imperialista o policial infiltrado.

Es bueno recordar estas cosas, del papel contrarrevolucionario de la burocracia stalinista, su régimen asesino y genocida de pueblos, su papel de losa ideológica y política para los intereses populares en el ámbito mundial ya que los 22 años transcurridos desde su derrumbe pueden actuar como un anestésico y un amnésico en los espíritus de los resistentes y revolucionarios, aun en los nuestros.

El papel de la IV como continuador de la tradición revolucionaria rusa es fundamental en la historia de la revolución.  A partir de los 50 las rupturas en la IV Internacional se sucedieron, proceso que duró hasta los ’80, es decir, hasta el fin de los países “socialistas realmente inexistentes”. La caída definitiva del “gran demonio” aquietó las aguas internas en el trotskysmo y nos hizo entrar por unanimidad en crisis, reflejo indirecto de la derrota que a nivel mundial como clase sufrimos además en esos mismos años.

Aprovechemos  por lo tanto a volver al tema  de esta reflexión en primera instancia, el ingreso del PRT al FA. Su discusión previa al 10mo. Congreso de la IV y durante el mismo estuvo caracterizada por la violenta oposición del SWP en particular del camarada Hansen. Habíamos violado uno de los postulados básicos referidos a los frentes populares puesto que éramos parte de un frente político donde existían sectores burgueses. ¿Cuáles? La Democracia Cristiana y los que se habían escindido del Partido Nacional y el Partido Colorado; Rodríguez Camusso, la Negra Roballo, Michelini, etc. Aunque no fueran burgueses en la práctica, sí lo eran en su programa e ideológicamente; aunque no controlaran ni organizativamente ni programáticamente al F.A. eran “la sombra” burguesa.

Nosotros nos fundamos en pleno proceso revolucionario a escala mundial. Mayo del ’68, Primavera de Praga, el Cordobazo argentino, el ’68 mexicano, el ascenso popular en toda Latinoamérica y en Uruguay, la OLAS, el triunfo de la resistencia vietnamita e indochina, donde los debates en la izquierda y los movimientos sociales se centraban en cómo acceder al poder, cómo conquistarlo, en cómo luchar contra el reformismo y el stalinismo. Un panorama francamente diferente al que nos toca vivir hoy día.

Sí, entramos al F.A. que tenía en sí “la sombra de la burguesía” al decir de nuestros críticos y defensores. En ese sentido fuimos y seguimos siendo pecadores…

El Reingreso…

Como se sabe solicitamos el reingreso al F.A. como PST (continuador histórico del PRT) en 1984, después del 2do. Congreso.

Los compañeros que estaban en el país hicieron mucho hincapié en el reingreso puesto que poco se podía hacer fuera del frente. Hay que recordar los 80.000 votos en blanco en las elecciones internas de los partidos tradicionales. Fue la forma de expresar la fuerza del mismo ante la proscripción de la dictadura. Estos hechos fueron parte del hilo conductor que arrancó con el NO del ’80, que continuó con los primeros de mayo del ’83 y 84, con la fundación del PIT y de ASCEPP, con la realización del obilescaso. En fin, fueron parte indubitable de la resistencia a la dictadura. El F.A. era reconocido como una de las fuerzas esenciales de la resistencia de la dictadura a pesar de no haber hecho mucho como tal en la misma.

La discusión del ’84 fue pragmática dijimos, que no es lo mismo que haya sido superficial y poco fecunda estratégica y políticamente. Muy por el contrario. Los debates de entonces son los que todavía determinan nuestro accionar. Las posturas adoptadas se inscribían en la estrategia de la Unidad de los Revolucionarios por un lado que nos llevaría a la fundación del MPP con otros grupos políticos.

Por otro lado estaba la idea, devenida de la anterior, de conformar un polo revolucionario dentro del F.A. (pensamiento que en parte cuajó con el MPP), que llegara a disputar la hegemonía que en el mismo poseía el reformismo.

La CONAPRO, el Pacto del Club Naval, las derrotas sociales de la clase fueron mermando esas perspectivas. El MPP mismo fue creado en pleno retroceso (aunque por entonces no éramos conscientes de ello), como una especie de resistencia de los radicales ante el viraje cada vez más reformista y abiertamente conciliador del F.A. en momentos que el ánimo de la gente todavía era firme pese a las derrotas.

a ) Los debates de la izquierda en los ’60 y ’70.

En los ’70 una de las polémicas principales de la izquierda del país (que no hacía más que reflejar a las controversias a nivel mundial) se circunscribía en cómo considerar a la “burguesía nacional”, cuáles eran las clases esenciales para la revolución y cómo se haría el proceso de toma del poder por la clase obrera y los sectores populares, si mediante la insurrección, la guerra de guerrillas, la guerra popular prolongada y quiénes integraban “el pueblo” o las “clases populares”.

Cuando se fundó el F.A. el cómo llegar al poder era asunto de disputa casi permanente. Una primera división se daba entre reformistas y revolucionarios. Aun los más recalcitrantes conciliadores se les hubiera dado vuelta la lengua antes de mencionar algo como “capitalismo de rostro humano” o “humanizar al capitalismo”. Y hablamos de la Democracia Cristiana, o algún sector blanco o colorado.

El programa del F.A. en el ’71 aunque no fuera anticapitalista hoy pecaría de utópico y radical. Y sin embargo estaba lejos de ser el más avanzado de la región y en el continente. Era un Programa Capitalista disfrazado de Nacionalista y Antiimperialista. Dejando de lado a Cuba, las propuestas implementadas por Allende en Chile como la nacionalización de las minas de cobre, el control del comercio exterior, el control del sistema financiero y la implementación de la Reforma Agraria iban más lejos que las propuestas del Frente en los hechos. Eran tareas tradicionalmente burguesas en las anteriores revoluciones, incluso en grandes como en Rusia o China, y sin embargo ni en ellas ni en Chile pudieron ser llevadas adelante por sector burgués alguno, máxime tomando en cuenta la omnipotente presencia del imperialismo. La CIA y Kissinger como ahora se ha develado eran muy conscientes de lo que se jugaba al voltear el gobierno de Allende.

Arismendi, vanguardizando a los PCs del continente teorizaba sobre las vías de aproximación a la revolución y cómo, excepcionalmente en algunos países (Uruguay, Chile), mediante el acceso al gobierno se podía avanzar en el camino revolucionario estableciendo alianzas estratégicas con sectores burgueses nacionalistas, antioligárquicos y antiimperialistas.

Por otro lado, el MLN y el PCR (pero no sólo ellos), por caminos distintos convergían con una visión de alianzas o acuerdos más o menos sustanciales con sectores nacionalistas capitalistas, unos tomando la tradición cubana y vietnamita y otros la china.

Sus posturas tomaban como básico la alianza con la burguesía nacional para hacer la revolución, - y no para llegar al gobierno electoralmente -, consiguiendo el desarrollo nacional en una primera fase, enfrentando al imperialismo, extendiendo la revolución a otros países del continente, apoyara la URSS o no el proceso. Los procesos en China, Cuba e Indochina contaron en algún momento con alianzas de ese tipo a decir verdad, pero los sectores burgueses o sus simpatizantes estuvieron totalmente controlados y subordinados a los ejércitos populares, los movimientos de liberación o las organizaciones revolucionarias, siendo en realidad rehenes de los mismos.

Nosotros por otro lado, nos ateníamos a la tradición de la Revolución Rusa, de las Tesis de Abril  y la Revolución Permanente, intentando demostrar cómo la burguesía había agotado cualquier perspectiva revolucionaria y que prefería – como clase – dejarse desvalijar por el imperialismo que aliarse con el enemigo más o menos inmediato, el proletariado. Si bien el concepto de patria o nación continuaba siendo fuerte, y en parte era un fetiche que empujaba hacia una cierta “Unidad” enteléquica, ésta rápidamente de difumaría al generarse las luchas decisivas. Así había sucedido en China, en Cuba y estaba sucediendo en Indochina, sólo el peso de las armas en poder de la clase había obligado a hocicar al capitalismo “nacional”. El peligro de las vidas individuales parecía que había primado sobre los intereses de clase “en general”.

Estos debates y disputas a veces violentas no fueron traba ni impedimento de un desarrollo en conjunto hacia unidades estratégicas, tanto en lo social como en lo político, ayudando al avance organizativo de las clases explotadas. Fue así como surgieron esos dos paradigmas uruguayos, la CNT y el FA, como ya se ha indicado.

b ) El FA en el ’71.

Tanto la CNT como el FA eran reflejos de la acumulación popular en lo organizativo, lo político y social. Fueron también la coronación, desde su punto de vista, de las estrategias del PCU y en menor medida del PS, convergiendo con ella en algunos sentidos el MLN y otros sectores revolucionarios (nosotros incluidos). Este movimiento hacia la síntesis (Unidad de Acción para la lucha vs. Unidad Estratégica Reformista) significó, aun en sus mejores momentos, que esta unidad estuvo plagada desde sus comienzos de contradicciones, enfrentamientos, rupturas incidentales y conflictos de intereses agudos.

Hoy se nos pinta esta unidad como algo glorioso como ya dijimos, y que en parte lo es, que no se puede cuestionar, criticar ni mancillar, según la visión de Unidad Estratégica Reformista.

La idea que hegemónicamente primaba en el FA en su fundación era la del PCU. Se procuraba establecer un frente político que le peleara la primacía en el ámbito electoral  a los partidos tradicionales y sirviera de puerta de entrada y plataforma para alianzas con sectores postergados de la burguesía, (no “oligárquicas”) para llegar al gobierno. Para ello la unidad entre lo principal de la izquierda, sectores “progresistas” como el PDC y fragmentos rupturistas de los partidos tradicionales eran imprescindibles para el triunfo de la estrategia.

No obstante, el F.A. fue el instrumento de una necesidad popular también (“histórica” al decir de los metafísicos de la izquierda) que encaminó en lo político la acumulación en conciencia y fue asimismo una herramienta de defensa y lucha, más allá de sus devaneos con los poderosos, sus vacilaciones y hasta traiciones, que las hubo, antes del golpe. La CNT, FUCVAM y la FEUU fueron su correlato en lo social, aunque de carácter bien más amplio y mucho, basta más, clasista, a pesar que la misma fuerza, el PCU fue hegemónico en la mayoría de esas organizaciones. Las correlaciones de fuerza eran muy diferentes. Siempre lo fueron.

Por lo tanto siguiendo una visión piedeletrista, el camarada Hansen tenía razón, el FA era un “clásico” Frente Popular. No obstante, si analizamos las dinámicas en juego, no lo era. En todo caso se tendría que haber creado alguna otra categoría o mediatizado las mecánicas caracterizaciones, (mecánicas por quienes las usaban no por quien las creó). Veamos:

1) En primer lugar no es concebible comparar a la Francia o Europa de la década del ´30, Europa imperialista aunque decadente (Francia abarcada en este concepto), con un país tercermundista, semi colonial y totalmente dependiente de las fuerzas imperialistas. En la Francia del '36-38 la izquierda se unía, sus sectores más reformistas, con las fracciones más liberales de la burguesía para intentar poner coto a un fascismo en auge en todo el continente. Recordar a Mussolini, Hitler, Franco. Era una realidad que golpeaba las puertas todos los días.

El ascenso de la contrarrevolución mundial y las subsecuentes derrotas de revoluciones durante los años anteriores junto a la consolidación de la reacción burocrática stalinista en la URSS y su socialismo en un solo país, excusa ideológica para la represión y la traición a la revolución mundial, enmarcaron un panorama que se encaminaba a paso acelerado hacia el genocidio de la 2da. Guerra Mundial.

Los cauces políticos de entonces estuvieron anegados por los debates referidos a los acuerdos o alianzas con la burguesía contra el fascismo, el Frente Único de los explotados, la Unidad de Acción, etc. La desastrosa alianza del PC con el Kuomitang en China en el ’27 a instancias de Stalin, que llevó al casi extermino del partido, la también terrible política de los comunistas contra la socialdemocracia a fines de los años ’20 y principios de los ’30, lo cual facilitó el ascenso de Hitler en Alemania, los crímenes stalinistas (industrialización forzada, los juicios de Moscú, etc.), junto a la política conciliadora con el imperialismo (Inglés, de EUA y Alemán), su complicidad en el hundimiento de la Revolución española y el posterior pacto con la Alemania nazista, fueron el pasto con que se alimentó la Oposición de Izquierda y de la IV después que intentaron, por todos los medios, mantener en alto las banderas del bolchevismo revolucionario.

Es en este cuadro que podemos comprender, criticándola no obstante, la actitud extemporánea de Trotsky cuando acusó a Andreu Nin de conciliar con el stalinismo y la burguesía al ser parte, con su POUM del gobierno de la Generalitat de Catalunya. Esas acusaciones, injustas, mostraban un momento de crispación subjetiva producto de la impotencia ante los continuos golpes sufridos.

El juicio histórico es claro. Andreu fue “desaparecido”, torturado y asesinado por los matones stalinistas. Su crimen fue propender desde el gobierno, junto a anarquistas y otros sectores revolucionarios, aliándose a la Generalitat catalana proburguesa, pero opuesta al franquismo, una oposición más eficaz, en lo militar y político al franquismo, al mismo tiempo que denunciaba las posturas criminales del stalinismo y sus secuaces, entre ellos el PC español. El viejo León apegándose a la tradición revolucionaria rusa, las tesis de abril, señalaba “nada de alianza con la burguesía”, sino se tiene una mayoría militar, organizativa y política (basándose en las enseñanzas de la Revolución Rusa y el desastre de China de 1927). Había diferencias, que Trotsky no pudo comprender pues no era parte del proceso revolucionario. La guerra civil, por ejemplo, se daba antes y no después de tomar el poder y muchas cosas estaban en juego diferenciando los procesos aunque la dinámica de la revolución permanente fuera similar.

2) Existía y existe cada vez más una diferencia entre los países imperialistas y países coloniales o semicoloniales como el nuestro.

La sustancia de las principales clases en pugna es la misma, al igual que sus principales características. Pero son las diferencias, a veces menores, no determinantes, las que importan a la hora de establecer un vistazo a fondo de un proceso.

En el Uruguay de los ’70 los capitalistas con mayor conciencia de clase, - la mal llamada oligarquía, la de las 500 familias -, ligados a los latifundios, al capital industrial exportador, a los sectores importadores y financiero especulativo, todos ellos unidos estrechamente a intereses internacionales imperialistas, estaban representados políticamente por el Partido Colorado y lo más retrógrado del Partido Nacional. Preferían, como la burguesía europea de los ’30, al gorilaje fascista impulsado por el imperialismo estadounidense, antes de ceder el más mínimo control de la sociedad a esa naciente izquierda entrometida. El sistema político de control era parte esencial del sistema de dominación. En esa época sistema político y sistema de dominación dejaron de lado las melifluas mediaciones políticas y casi eran lo mismo a los ojos de la gente.

Pero la lucha popular de los ’50 y ’60, la acumulación de conciencia producida por lo oprimidos como clase para sí, el subsiguiente enfrentamiento a los gobiernos gorilas nacionalistas y al pachecato, la lucha abierta contra Bordaberry y los golpistas (ayudados a veces por el PC y sus aliados con su apoyo a los militares nacionalistas), empujó a sectores de la clase dominante, los más sumergidos y separados del poder, los pequeños y medianos burgueses del campo, de la industria, del comercio, así como cada vez más amplias porciones del funcionariado estatal, tradicional capa amortiguadora de fricciones entre las clases batllista, a romper con sus tradicionales opresores y engañadores.

La crisis política y social, pero por sobre todas las cosas la crisis económica[2], aportaron su granito de arena. No todos se volcaron hacia el FA, una parte, pequeña, se volcó al gorilaje fascista (JUP), y otra gran porción fue cooptada por Ferreira Aldunate y su populismo nacionalista. Hay que recordar que su programa no era muy diferente al del FA. Fue quien realmente ganó las elecciones del 71, según lo reconoció la misma CIA hace poco cuando desentrañó su papel interventor en esas elecciones públicamente.

3) La matización para ver las diferencias de situaciones similares siempre es clave metodológicamente y lógicamente para ir de lo universal a lo particular y de lo general a lo singular. Los procesos globales nos hacen comprender los fenómenos de conjunto, los movimientos más generales. Sin embargo a veces pueden hacernos cometer errores al hacernos caer en el simplismo y la tentación de meter muchos elementos dentro de una misma bolsa forzando las cosas indebidamente. Contra esa tentación nos advertía precisamente Lenin cuando remarcaba lo imprescindible de analizar una situación concreta en un momento concreto, nada de generalizaciones vanas y vagas.

Hay que tener siempre una perspectiva universal que nos permita comprender las evidencias unificadoras, similares, sin perder las diferencias específicas de cada situación particular concreta. Nuestros maestros fueron cultores fanáticos de este método de tomar los aspectos universales para ubicarnos en la realidad mundial (la crisis creciente del Modo de Producción Capitalista, sus ciclos, los efectos entre los desposeídos, los efectos entre los poseedores, los ascensos y retrocesos de la correlación de fuerzas, los mecanismos de dominación,  - la prensa, la ideología, la cultura, la enseñanza, el deporte, la política, la religión, etc. -, la necesidad de la lucha política de los trabajadores para derrotar y aplastar a su enemigo de clase, la necesidad de la organización política para ello, tomar el poder y la lucha internacional con una Internacional Revolucionaria). La guerra civil en Francia y La Comuna en Marx, la Revolución Rusa en Trotsky son ejemplos magníficos del análisis histórico de la combinación de ese espíritu universal con el análisis particular, paso a paso, de cada realidad.

4) Lo que realmente existía en el F.A. en su fundación era la sombra de sectores pequeño y mediano burgueses en caída. Nada que ver con el radicalismo (burgués) Francés de los ’30. Fueron totalmente funcionales a la estrategia de Arismendi y el PCU. Así el PDC, Michelini, Roballo, Rodríguez Camusso, Seregni y otros militares, se sintieron cómodos y perfectamente incluidos en el proyecto. Por otro lado no hay que olvidar que el FA fue un mecanismo aceptado por grupos revolucionarios puesto que era visto como un frente político de alianza con la burguesía, no sólo por el MLN, que fundó el 26 de Marzo como su “frente” político en el FA, sino también por organizaciones que siempre actuaron fuera del FA como el PCR. Es difícil romper con esquemas ideológicos.

5) El FA además fue otra cosa. Fue una síntesis unitaria en lo político para las clases populares en su enfrentamiento con la derecha y el golpismo. Fue desde el vamos un elemento de crisis para el sistema político y el sistema de dominación burgués. Era una piedra en el mecanismo de control social de los poderosos.  Tenía un programa popular, democrático, muy importante entonces, y antiimperialista.

Estas eran las bases que nos llevaron a integrar y confundar el FA.

d) Después de la Dictadura...

Ya avanzamos en parte sobre el punto. Tomamos una postura pragmática fijada en bases políticas muy sólidas, similares a las que existían en el ’71, aunque no iguales:

+ El FA representaba al igual que en el 71 un ámbito de encuentro y unidad de los que resistieron al régimen, en este caso la dictadura. Prácticamente nada se podía hacer por fuera de él. La liberación de los principales cuadros del MLN o su vuelta del exilio y su casi inmediata integración en la práctica al FA, (aunque formalmente reingresaran junto a nosotros años después), cerraba caminos para cualquier otra cosa por el prestigio y reputación, pintado con un halo de romanticismo, que ante las masas tenían los compañeros y su organización.

Previamente la salida de Seregni de la cárcel, su discurso marcó la pauta de lo que después sería el Pacto del Club Naval y la CONAPRO y nos advertía del papel de aval del régimen que la mayoría del FA asumiría cada vez más desde entonces hasta la fecha. Es decir, el proyecto del F.A. como sustentáculo del Sistema Político Burgués uruguayo;

*El FA, su reconstrucción, fue asumido como una conquista para la inmensa mayoría de la gente. Hay que recordar que Seregni se mantuvo como principal dirigente casi sin cuestionamiento. Fue su propia torpeza la que lo desbancó  en momentos que el prestigio de Tabaré Vázquez crecía.

Los sectores burgueses o pequeño burgueses, caso el PDC, la 99 de Batalla, Rodríguez Camusso , estaban por romper con el FA. La 99 sin embargo seguía reivindicando a pesar de todo a Michelini lo cual le permitió ser la principal fuerza en caudal de votos en el ’85.

* La posibilidad de conformar un polo radical o revolucionario en el FA había dejado el estadio de proyecto. Se podía pelear por la hegemonía ideológica y la correlación de fuerzas contra el reformismo en general y el PCU en particular. Los GAU, el PVP, el MLN, el MRO, sectores importantes del PS estaban proclives en incursionar por esos caminos. La IDI fue un intento, pero con exclusiones, (nosotros, el MRO, el MLN, la relación con la izquierda del PS se complicaba). Tras el fracaso y viraje a la derecha de la IDI quedó abierto el camino a transitar nuevamente en un proyecto similar. Así nació el MPP, hay que recordar que las primeras charlas se hicieron con la IDI y el PS inclusive...;

* Esto cuajó magníficamente con la estrategia de la Unidad de los Revolucionarios. A su vez la Unidad de los Revolucionarios fue una de las estrategias que impulsaba la IV. Nuestro ingreso a ella complementó todo el panorama del PST y su continuación en el FA.

Pero no todo fue fácil. El haber participado del MPP fue lo que facilitó el reingreso, trabado por cuestiones formales y por que no denominábamos PST. El PS hizo hasta el último momento un fuerte cuestionamiento por el nombre, (recordar que cuando co-fundamos el FA nos llamábamos PRT).

e) Los Debates en la Izquierda de ese momento... 

No sólo nosotros nos habíamos puesto al día y pretendíamos acomodarnos estratégicamente a los nuevos tiempos. En los debates y charlas que hicimos en el ’88 – ’89 en pleno intento para prepararnos para construir un espacio revolucionario amplio, profundizamos en los cambios de visión de las principales organizaciones del F.A. de entonces.

Antes de continuar con esta temática tenemos que referirnos a un punto que por su importancia política y metodológica ha influido persistentemente las discusiones que hemos desarrollado durante estos períodos, tanto en la organización como en la IV Internacional y es sobre la caracterización de la situación mundial.

Es importante, no obstante hacer hincapié en dos o tres elementos que han significado un avance, por lo menos para nosotros, para comprender la realidad. Siempre, claro, con la modestia del caso:

ü      En primer lugar, el haber reconocido la derrota que como clase sufrimos a nivel mundial, cuyo pico se  ubica en mediados de los 80;

ü      Luego, el haber comprendido la desincronización existente entre esa realidad, palpable en los países avanzados y de otras zonas, y lo que vivíamos en nuestra subzona continental. Por aquí triunfábamos contra el gorilaje dictatorial cuando por allá  estaba en pleno retroceso la clase. Nos pusimos al día ya a fines de los 80. Pero hubo un tiempo donde las expectativas y horizontes de lucha se vieron posibles cuando, por ejemplo, la revolución nicaragüense se derrumbaba y la guerrilla salvadoreña se hacia especialista en realpolitik  conciliadora pro burguesa. Seguimos con la primera ley de Newton, la inercia del momento anterior, en la caracterización cuando las cosas cambiaron;

ü      Otro avance significó el constatar la descoordinación entre los ámbitos político y social, o retomando la bella propuesta del viejo León, el desarrollo desigual y combinado de distintas esferas, o más acá, la discordancia de los tiempos, ese aun más bello acierto de Daniel Bensaïd. Constatamos lo contradictorio entre la derrota social que percibíamos y la ganancia electoral que con el triunfo del FA en Montevideo provocaba oleadas de optimismo en la derrota .

Dicha situación desembocó en lo que algunos dimos en llamar brecha o fractura en la recuperación del tejido social y en la conciencia de la clase, o sea, de la vanguardia popular. El concepto de crisis orgánica (de Gramsci), extendida a toda la sociedad, a la clase dominante y singularmente también a los sectores populares nos hace más factible comprender globalmente el desarrollo del debate y sus particularidades, gracias a la camarada argentina Nora Chiappone y artículo del 2002.

Estos elementos suscintamente mencionados nos han ayudado a ubicarnos permitiéndonos cierto resguardo político e ideológico. Tal vez la experiencia de ruptura que sobrellevamos a principios de los 2000, nos ayudó al exigirnos a dar respuestas de fondo.

Procurando no caer en simplismos y en no hacer una relación unívoca y esquemática entre causa y efecto, tenemos que la derrota sufrida a nivel mundial (acumulativa, no explosiva, por lo tanto lenta) por parte de los sectores populares marcó otro avance del neoliberalismo en momentos en que como ideología más se lo cuestionaba (especialmente después de los desastrosos gobiernos de Thatcher y Reagan y de las dictaduras latinoamericanas). La caída del stalinismo se procesa en el peor momento de esta ideología, permitiendo su pervivencia burocracia mediante.

Las diferentes corrientes mundiales que pasaron por el reformismo primero, la conciliación después, tuvieron todas las tranqueras abiertas para deslizarse cómoda y gustosamente hacia el “capitalismo humanizado neoliberal” de la socialdemocracia actual, tanto en Europa como en los países del tercer mundo en particular en Iberoamérica.

Sin exagerar podemos decir que los que menos nos preocupamos en estos veinte años por pulir nuestras políticas y nuestras ideas fuimos los revolucionarios de varias tendencias. Excluyéndonos a nosotros y a algunos otros, que estamos intentando hacer algo al respecto, basta con escuchar las propuestas y los debates en que están embarcados los compañeros revolucionarios (dentro y fuera del FA), para entender cuan extenso es el camino a transitar.

El aggiornamiento de los conciliadores y social liberales es una ventaja para ellos en ese espacio de lucha que es la confrontación ideológica.

Es hora de disputar también esos espacios. La mercantilización de la enseñanza, en particular la universitaria fue la expresión de otra cara de la derrota que padecemos. Hace años dijimos que no alcanzaba más con el “vamo’ arriba”. La resistencia de los revolucionarios y los más concientes fue importante, fundamental ante la resignación reinante, sin embargo se precisa más ahora. Nuestra experiencia en la IV Internacional y nuestros cuestionamientos nos hicieron comprender que se acabaron los tiempos de agitar viejas banderas y consignas. Son tiempos nuevos y la vieja revolución precisa vestirse con nuevas galas. Esa tarea en parte nos corresponde.

f) Los Debates en el F.A. ahora...

 En los finales del siglo XIX y los inicios del siglo XX empezó a esbozarse una separación entre Reforma y Revolución que culminó con la fenomenal traición de los reformistas al votar los créditos de guerra de sus países para la I Guerra Mundial, pasando luego por los asesinatos de Rosa y Carlos y la también trascendental traición de los mencheviques en la revolución rusa. También estaban los centristas, siempre están los centristas, el pantano infecto definido por Danton en la Gran Revolución Francesa. La Reforma o la Revolución, sus matices, idas y venidas, cortaron horizontalmente a las organizaciones revolucionarias políticas y sociales de la época, fueran cuales fueran la extracción ideológica o de clase de las mismas.

En la actualidad, los reformistas y traidores de entonces estarían en el bando de los radicales más consecuentes, y los centristas serían unos ultras incurables. Una demostración de la limitación del lenguaje y de las definiciones a priori. Una demostración más, además de por qué no pueden hacerse comparaciones extemporáneas. De nada sirven a los fines prácticos, de nada serviría considerar a Berstein un radical de hoy, por ejemplo  al cervecero Friederich Elbert (sí, el de la fundación) en un luchador consecuente con favor de los explotados. Sería ridículo llegar a tal conclusión. Entre otras cosas fue el asesino de Rosa y Liebnetch. Era el Ministro del Interior omiso  durante la represión de los revolucionarios. Había que consolidar la burguesa República de Weimar (Weimarer Republik) luego de la derrota de la I Guerra Mundial.

Del reformismo y la conciliación esta gente asumió así el papel de salvadores del capitalismo, primero como última instancia, luego ya más abiertamente hasta llegar a ser una de las alternativas de control de las sociedades avanzadas del imperialismo, o a ser parte de la rosca oligárquica, o a ser cada vez más una de las vías de alternancia del sistema político de distintos países, mecanismos al que acuden con cada vez menos desagrado las clases dominantes.

Por eso está mal seguir hablando hoy por hoy de reformismo. Es continuar con la confusión. Reformistas se pueden considerar a los comunistas ortodoxos, a los sectores más a la izquierda del PS, o al PVP.

La propuesta de Asamblea Uruguay, la Vertiente Artiguista, Confa, parte mayoritaria del PS, el MPP, A.U. y Tabaré Vázquez no es reformista ni conciliadora, propone un capitalismo humanizado si se quiere, en la mejor tradición social demócrata actual aun cuando desde una perspectiva tercermundista ni siquiera tienen posibilidad de plantear realmente su posición

Pero el esclarecimiento es fundamental para nuestra organización:

¿Esto quiere decir que tenemos que irnos ya del FA? ¿Quiere decir que nos tenemos que quedar hasta que las “masas hagan su experiencia”?

Tenemos varias encrucijadas enfrente. Si realmente creemos que la futura vanguardia revolucionaria se está construyendo dentro y fuera del FA tenemos que aprovechar lo acumulado, que es importante, en el FA extendiendo al mismo tiempo nuestra influencia y reconocimiento principalmente en lo social.

El FA como instrumento de y para la gente, por lo menos en el sentir y pensamiento popular, tiene realmente poco tiempo por delante hasta que se agoten esas pocas confianzas que aun quedan si el FA no cambia radicalmente su estrategia. Nuestra postura tiene que ayudar a la evolución de la masa y la vanguardia, a la acumulación política, siendo cada vez más críticos con la transformación del FA oponiéndonos a que se transforme en la tercera pata aceptada del sistema político y del sistema de dominación burgués.

 

 
 

 

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